El día a día con la esquizofrenia.

Alrededor de un 0,8% de la población mundial padece una esquizofrenia, una patología que supone como sabemos, una gran carga familiar que no todos sabemos llevar a veces como debiéramos. Muchos de estos pacientes, que conviven en el hogar familiar incluso hasta edades muy avanzadas, “enrarecen” con el avanzar de los años el ambiente cercano de estos núcleos familiares. Se trata, por tanto, de una enfermedad de altísimo coste personal (el enfermo tiene, en mayor o menor medida, una dependencia de por vida), familiar (es difícil entender el sufrimiento de los padres y familiares cercanos de un enfermo mental grave) y social (los actuales antipsicóticos y los medicamentos con los que se tratan patologías asociadas, pueden suponer unos 400 euros mensuales, además de costes directos de hospitalizaciones e indirectos).

Cuando el paciente se “estabiliza” después del/los primeros brotes y se logra controlar la psicosis con la medicación adecuada, se pasa a una vía muerta en la que el enfermo ‘desaparece’ de la vida social y productiva. En su inmensa mayoría pasan la mayor parte del tiempo en casa, pierden la mayor parte de sus relaciones sociales sino todas, engordan por el sedentarismo y los efectos secundarios de los fármacos y fuman bastante (la asociación entre el tabaquismo y la enfermedad mental es muy alta) debido a que en él encuentran recompensa reiterativa a su adicción obteniendo endorfinas fáciles, pero a un gran coste.

Hasta aquí un panorama desolador que conocen muy bien los familiares y que desconoce, casi por completo, el resto de la sociedad que tiene un concepto tópico y absurdo de una enfermedad a la que teme y rechaza. El esquizofrénico sólo ocupa páginas de los periódicos cuando protagoniza un hecho violento (generalmente contra sus propios cuidadores) lo cual, por cierto, estadísticamente supone un porcentaje inferior a la violencia de los llamados ‘normales’.

Nuestra evolución se debe a la existencia de mutaciones genéticas (polimorfismos) que generan variedad (algunas son favorables y seleccionan la especie y otras son negativas y desaparecen). En nuestro cerebro, la expresión de esas variantes genéticas han dado lugar a ‘genios’ que han lanzado nuestra especie al nivel que disfrutamos y a seres menos afortunados cuyos cerebros padecen alteraciones en el neurodesarrollo que en un ambiente favorecedor se convierten en una enfermedad mental.

Los antipsicóticos actuales (y aún más los de tercera generación), han supuesto un gran avance recuperándolos de los internamientos y controlando, particularmente, los llamados signos positivos (alucinaciones y delirios). Ahora es el momento de afrontar el resto del tratamiento que los integre a una vida social plena.

La actividad física es muy importante, tanto para evitar el sobrepeso como para apoyar la plasticidad neuronal con la expresión al alza de factores neurotróficos (que muy probablemente a través del factor de crecimiento IGF1 actúan mejorando las funciones cognitivas). Asimismo, mejora el aspecto físico del paciente, lo que le genera autoestima (muy disminuida en ellos), permite un contacto social y les saca del aislamiento.
Tenemos por delante un reto con esta enfermedad, que es principalmente evitar la pésima calidad de vida consiguiendo que su cronicidad no sea devastadora para ellos y sus cuidadores. Debemos afianzar varios pilares sabiendo que dejarnos uno solo puede suponer que todo el tratamiento fracase:

1) Estabilización farmacológica.
2) Atención psicológica familiar y al enfermo (terapia cognitiva).
3) Apoyo de voluntarios que ejerzan el papel socializador de los amigos perdidos después del primer brote psicótico.
4) Programa de actividad física terapéutica.
5) Tratamiento dietético y normas higiénicas (deshabituación del tabaquismo, aseo personal…)
6) Trabajo protegido (que también se convierte en terapéutico).
7) Pisos protegidos con atención comunitaria.

¿Es una utopía? Muchos de los que conviven con este tipo de familiar, pensaréis que sí, pero es totalmente necesario contar con estos recursos no tan farmacológicos y más sociales.
También es cierto que hay más avances cuanto más grande es el núcleo urbano, y bueno, aún queda mucho por hacer.

Adaptado de laverdad.es

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Publicado por

Victor

www.wasesores.com

6 comentarios sobre “El día a día con la esquizofrenia.”

  1. Hola ana, gracias por comentar. Despues de leerte, se me vienen a la cabeza alguna películas de terror. Sobre los gritos… bueno, aún estando medicados es muy normal que los oigas.
    Lo que si es preocupante es el paradero de sus padres; si los conoces y sabes que no tendrían donde ir, yo pienso como creo que cualquiera, que no estaría de más llamar a los servicios sociales o incluso a la policía, ya que pienso (a parte de no ser médico, tampoco soy abogado para mi desgracia) podría incluso haber delito de abandono o incluso más, si el chico es menor de edad, que no lo sabemos.
    Quedamos a la espera. Suerte y mucho ánimo.

  2. hola buenos dias miren necesito su ayuda por que yo tego un vecino que es esquizofreinico y normal mente vive con sus padres que son muy mayores, y estoy algo preocupada por que hace mas de 3 meses que no los veo me refiero a sus padres y le pregunto al chico que como estan y que hace mucho que no los veo y me contesta que no estan que se han ido muy lejos, y eso es imposible por que no tienen donde ir y solo tiene ese hijo osea que esta el chico solo en casa sin nadie que lo viguile , y me pregunto que puedo hacer yo? y si ahy algun riesgo para los demas vecinos que este chico este solo en casa? puesto que creo que no se toma la medicacion por que se le escucha gritar diciendo cosas que no tienen ningun sentido. por favor necesito que me digais que puedo hacer.

  3. Pues sí. Al menos, como he dicho, en las sociedades más avanzadas se disimula algo más. En territorios que ni tan siquiera tienen centros de salud, como será aquello. Un saludo y gracias por leerme.

  4. Estoy completamente de acuerdo con el planteamiento: ¿y después de la estabilización sintomatológica qué?
    No se trata solamente de controlar los síntomas, sino que nuestro trabajo debe ir encaminado a mejorar la calidad de vida de las personas afectadas.
    Para ello necesitamos una mayor inversión económica tanto en recursos sociales como en tratamientos psicológicos.
    De lo contrario, nos seguiremos viendo atrapados en un sistema que perpetúa el síntoma y sólo pone parches a las enfermedades mentales.
    Un saludo desde Saltando Muros. Os seguimos.

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